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Las espectaculares esculturas submarinas de la Isla de Granada

En medio del Caribe, junto a sus compañeras Antillas, se localiza el estado de Granada, todo un paraíso turístico donde el artista Jason de Caires Taylor ha ido levantando un museo de esculturas submarinas en las costas de la isla. Merece la pena visitarlo, aunque sea de forma virtual, pues se trata de una exposición que únicamente puede contemplarse bajo el agua. Es ciertamente, una idea es original y atractiva, y si no, atentos a la galería que os hemos preparado.

Fuente: Facebook

Nos sumérjemos a unos diez metros bajo el agua, fijamos nuestras gafas de buceo para no perdernos ni uno de los detalles. Inspiramos oxígeno en cantidad antes de bajar a las profundidades marinas, aunque probablemente dará igual porque lo que veremos nos cortará la respiración. Bajo el líquido elemento un auténtico jardín de esculturas submarinas.
Las esculturas se caracterizan por su estilo original que rayan en lo extraño y sin embargo son bellísimas. La idea es que con el paso de los años las estuas se transformen en un coral artificial. Este artista ha conseguido con su arte regenerar parte de los arrecifes de coral devastados por huracanes y tormentas.
Las esculturas se caracterizan por su estilo original que rayan en lo extraño y sin embargo son bellísimas. La idea es que con el paso de los años las estuas se transformen en un coral artificial. Este artista ha conseguido con su arte regenerar parte de los arrecifes de coral devastados por huracanes y tormentas.
Lo que mas asombra de su arte es la armonía con que se mezcla con la naturaleza, sin dañarla ni contaminarla. Este artista británico pasó gran parte de su infancia en Malasia, donde aprendió a cuidar y valorar el ecosistema acuático. En su etapa más adulta se desempeñó como instructor de buceo en diferentes países, y fortaleció su conciencia medioambiental, que se refleja en su obra.
De hecho la idea de crear figuras submarinas llegó después de que los fondos marinos de esta bahía fueran gravemente dañados por las tormentas, quedando los fondos de coral en un peligroso estado de conservación. Taylor vio en su arte la posibilidad de devolver al ecosistema todo aquello que el hombre le había arrebatado: en sus tallas podría regenerarse la vida marina adhiriéndose a las paredes de sus obras. Además, los recovecos que quedarían entre los bloques de hormigón de ph neutro que no contamina el agua, son una excelente morada para cangrejos y otra fauna acuática.
Así con sus obras, Jason intenta reflejar cómo la intervención humana o su interacción con la naturaleza no tiene por qué ser siempre negativa. Como añadido a la moraleja que el artista traslada al espectador está el aliciente de que sus creaciones no son obras de arte al uso pues debajo del agua todo se magnifica, se refracta la luz, los colores cambian y se producen efectos caleidoscópicos. Como dice el propio artista, descolgar el arte de las paredes blancas de una galería ofrece al espectador un sentido distinto de participación.
Así con sus obras, Jason intenta reflejar cómo la intervención humana o su interacción con la naturaleza no tiene por qué ser siempre negativa. Como añadido a la moraleja que el artista traslada al espectador está el aliciente de que sus creaciones no son obras de arte al uso pues debajo del agua todo se magnifica, se refracta la luz, los colores cambian y se producen efectos caleidoscópicos. Como dice el propio artista, descolgar el arte de las paredes blancas de una galería ofrece al espectador un sentido distinto de participación.
El agua es un medio maleable en el que moverse, y permite al espectador participar activamente en su relación con las esculturas. El gran número de ángulos y perspectivas desde las cuales las esculturas pueden verse intensifica la experiencia única de enfrentarse a las obras.
Una de las obras más destacadas de Taylor es la bautizada como "Vicisitudes". Con un círculo de 26 niños de todas las razas cogidos de la mano a cinco metros de profundidad, Taylor vuelve a conseguir trasladar la idea de colaboración entre el hombre y la naturaleza. El crecimiento de la vida animal y vegetal que se pega a las paredes de su obra simula el desarrollo vital de los niños desde la infancia hasta la adolescencia. Una preciosa metáfora que encandila a todo aquél que contempla la obra.
El personaje del cuento de Jacob Ross del libro "La manera de atrapar el polvo" es representado aquí. Sienna es una joven con talento para el buceo libre. Una historia sobre la amistad y la traición aderezado por la búsqueda de un tesoro perdido.
Bajo el manto cristalino del mar del Caribe, se recrea una sociedad submarina donde diversas criaturas marinas conviven con los intrépidos visitantes que se sumergen en el arrecife. La poesía visual de Taylor se sumerge en momentos de profunda soledad y sus esculturas, en aparente unión con el entorno, muestran escenas melancólicas bañadas por las miles de lágrimas del mar del Caribe. La comunidad de esculturas submarinas recrea una sociedad sumergida, que emula la misteriosa historia de la Atlántida de Platón, y que convive en simbiosis con la naturaleza del entorno.
El silbido de las olas es la melodía que centra la obra de Jason, un canto a la vida en mitad del océano que muestra el concierto entre la vida animal y esculturas olvidadas en el fondo del mar. "La Evolución Silenciosa" es el nombre de esta colección en constante transformación que nos regala algunas imágenes fascinantes donde los límites entre lo natural, lo humano y lo artificial se entremezclan bajo el arrecife de coral en un baile de poesías visuales.
Quizá, lo más curioso de esta obra es la paradoja de la que son protagonistas. No sobrevivirán al paso del tiempo, puesto que tarde o temprano serán devoradas por la vida submarina pero, a la vez, se convierten en arte inmortal porque la propia naturaleza las acoge como parte de ella. Sin duda, una obra de arte que merece la pena contemplar.
Quizá, lo más curioso de esta obra es la paradoja de la que son protagonistas. No sobrevivirán al paso del tiempo, puesto que tarde o temprano serán devoradas por la vida submarina pero, a la vez, se convierten en arte inmortal porque la propia naturaleza las acoge como parte de ella. Sin duda, una obra de arte que merece la pena contemplar.

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