Excite

Mochileros - Javier Medina desde Sudamérica VI

Javier Medina Anquela
Sudamérica

Tenía un nudo en el estómago, y aunque no había desayunado, no era hambre. Desde la noche anterior mil dudas y pensamientos me atormentaban. Mirando por la ventanilla del avión dejaba atrás España. Solo, con mil miedos y un mapa con demasiados caminos y ninguno. No tenía siquiera acompañante en los dos asientos de mi izquierda. Escribí en mi cuaderno "Una calzada empedrada de nubes bajo mis temores me conduce a lo desconocido, al riesgo, a la soledad. Sólo mi voluntad me hace no mirar atrás, al calor del hogar, a la vida fácil y segura, a los viejos amigos. Sólo mi voluntad me orienta hacia adelante, hacia mis sueños, hacia la vida...". De eso hace ya más de cuatro meses.

Aterricé en el JFK de New York, recuperé mi mochila, en el momento de cargarla sentí que me quitaba un peso de encima, me di cuenta de que mis miedos no habían pasado la aduana y se perdieron en la memoria que tiene el olvido. Me dirigí a un teléfono, debía contactar al grupo de chicos que me hospedaría en Brooklyn. Ellos formaban parte de un proyecto de viajeros que opera en la web. Básicamente consiste en ofrecer un lugar gratis donde dormir, ya sea una cama, un sofá o un lugar en el suelo donde extender el saco. El proyecto, denominado "Couch Surfing", se orienta al intercambio de culturas, de experiencias de vida de gentes de todo el mundo. Me ha provisto en estos cuatros meses no solo de alojamiento en casi todos los lugares que he visitado, también me ha permitido conocer desde dentro la vida diaria de diversas realidades americanas. Desde New York a Chiapas, desde Texas a Antioquia.
 
Un correo de mi tío Javier apuntaba: "El fondo de las personas es el mismo, desde Brooklyn a Calahorra". Y lo corroboro con la experiencia. La inmensa mayoría de la gente sólo quiere vivir en paz, amar y ser amada. Y una vez superada la delgada línea de la mutua desconfianza, nunca me ha faltado una mano tendida dispuesta a ayudarme en mi viaje. Manos de estudiantes, manos de padres de familia, de amas de casa, viajeros, soñadores, buscavidas, manos curtidas por el trabajo de la tierra, manos blancas, negras y grises, manos de indios o manos delicadas y musicales. Manos americanas.

Desde la nieve y el insoportable frío de Washington D.C hasta la eterna primavera Bogotana, pasando por el ardiente sol de las playas de Oaxaca en Méjico. Son muchas las gentes, paisajes, pueblos y ciudades que forman ya en cierto modo parte de mí. Cada cual con su historia personal, cada lugar con su leyenda y cada tormenta y atardecer con su infinita e irrepetible belleza.

En Bogotá, cada persona, cada calle y conversación se me antoja más intensa. Esta mañana, bajando por el colorido Barrio de la Candelaria, la ciudad sonreía a mis pies, a mi espalda la sierra, verde, escarpada y hermosa, la cuna y la tumba de los Andes. Bostezaba el vendedor de aguacates, y el universitario. Se desperezaba el mendigo y los artesanos extendían sus sábanas en la calzada. El adolescente policía se calaba la boina y los mercados empezaban a cobrar vida con colores y ruidos, el griterío de los niños a la puerta de las escuelas. "Qué hermoso podría ser el mundo".
 
Siento una especie de responsabilidad moral hacia esta tierra, donde hay vida más allá de la vida. Donde hay esperanza e ilusiones, y millones de vidas honradas dispuestas a abrirse camino con trabajo y esfuerzo. No puedo evitar sentir vergüenza al saber que se crucifica a Colombia por ser el primer exportador de cocaína, mientras es España el primer consumidor europeo y Estados Unidos el primer consumidor mundial. Hipocresía e ignorancia hacia un pueblo, castigado por mil males, sí, pero también lleno de riqueza tanto natural como cultural, lleno de humanidad y sanas costumbres.
 
Hace dos semanas que estoy en Bogotá, "amañado", con cierta nostalgia de saber que dejaré atrás Colombia en menos tiempo de lo que me gustaría. No me decido a partir, a seguir con mi viaje, como un niño entre las faldas de su madre, aquí me siento sereno, contento y protegido por los amigos. Irremediablemente, como al inicio de mi viaje, será mi voluntad y no la necesidad, la que me impulse a rehacer mi mochila y poner rumbo al Sur, a mis sueños, a la vida...

España - Excite Network Copyright ©1995 - 2017