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Mochileros - Javier Medina desde Sudamérica VII

Javier Medina Anquela
Sudamérica

Carajo! ilegal en Colombia. No me había dado cuenta de que me sellaron sólo treinta días de permiso como turista y ya llevaba más de un mes en territorio colombiano. Otra vez mi innato despiste me jugó una mala pasada.

Salí de Cali después de un fin de semana de fiesta nocturna y visitas por los alrededores. Disfruté, sobre todo, el domingo por la mañana, pues fui con dos amigos al río Pance. Pese a la intensa y continua lluvia, el clima era agradable. Apuntaba Ricardo (Ricardo nos daría más tarde un susto grande, pues la fuerte corriente lo arrastró entre las piedras unos cincuenta metros río abajo) que esto se le llama "colombianada", donde la gente prepara sancocho con gallina y bebe chicha de maíz. Entendí, mis queridos domingueros. Me fui despidiendo de Colombia en silencio.

En la frontera hice un intento tan cómico como inútil de cruzar como Pedro por su casa. Obviamente me paró la policía ecuatoriana y me mandó de vuelta a sellar la salida de Colombia. Intenté pasarme de listo, pero pasarse de listo es incluso peor que pasarse de tonto. Una multa de cien dólares aproximadamente y todo el día en la comisaría, en el banco y papeleos... Preferí, antes de agobiarme, tomármelo con humor y aprender la lección...

Dejé Colombia sin recuerdos melancólicos ni sentimientos romanticoides, pues el sopor de la lenta burocracia abofeteó mi dulce embriaguez. Perder el día entero y faltar a una cita con otro contacto en Quito, Ecuador, no fue nada agradable, por no hablar del dinero... Pero no puedo negar que Colombia forma ya parte de los mejores recuerdos de mi cada vez mas apasionada vida. Al fin y al cabo, la culpa fue mía y en Ipiales, aunque estrictos, los agentes del DAS fueron correctos conmigo en todo momento.

La primera impresión en Ecuador pasa por los malos modos de la policía de fronteras. Fui el único al que bajaron del autobús en cada uno de los cuatro controles de carretera, por el simple hecho de ser español, supongo. Un oficial intentó ofenderme hablando basura de España y su gente, la cual, en su pobre ignorancia, calificó de racista y clasista. Se mofaban diciendo que ahora era yo el inmigrante. Esparció todas mis cosas en el andén de la carretera, sin discriminación entre los calzoncillos y la ya casi rota cámara de fotos. Igualmente me lo tomé con humor, cosa que les molestó aún más. Pues si en España tratan mal a los ecuatorianos, tratenme ustedes peor y así estamos en paz. Sonreí ante una mueca de impotencia. Recoja todo.

Llegué a Quito después de medianoche, la terminal de autobuses es un lugar peligroso y feo, alquilé una habitación cercana por cuatro dólares. Al día siguiente me vería con mi contacto en la ciudad. Latitud sur, calculé más de 10.000 kilómetros recorridos desde Nueva York. Me tumbé en la cama aún vestido. Abrí "El Origen de las especies" de Darwin. Capítulo III, La lucha por la existencia... Y el sueño, después de dos días de forcejeo, me derrotó.

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